lunes, 7 de abril de 2008

YO A TI NO.....

Y entonces me atreví a mirarle. Me estaba sonriendo. No podía creer que alguien tuviera una sonrisa tan increíble...Los labios me temblaron. Cuánto miedo me había dado darme cuenta de aquello...Pero ahora tenía valor para decirlo.
- Te quiero...- Dije con un hilo de voz. Letra tras letra, como una enorme masa de luz sujeta a la oscuridad, la frase salió disparada bailando entre mis labios.
Yo seguí sonriendo...Mantenía la estúpida sonrisa en mi cara, pero la suya se tiñó de gris. Bajó su mirada y clavó sus ojos en el suelo. Le siguieron los míos. Ahora temblaba todo mi cuerpo. Miré mis manos de reojo, mis dedos parecían estar gritándome por estúpida...Por ingenua...¡Ya había perdido! Podía notar su corazón latiendo más y más deprisa...Pude notar sus músculos ponerse tensos...Pude notar su irrefrenable ira...
Sí...así me miró...Su sonrisa se torció, yo debí palidecer, se acercó a mi despacio y clavó en mi mejilla su puño...El cielo bailó en mis ojos...Agarró mi cuello y me puso en pie de nuevo. Acarició mi piel, y después apretó con sus dedos. Yo pataleé y manoteaba al aire...¡Cómo si él no supiera que me estaba ahogando! Aflojó los dedos y con la otra mano volvió a abofetearme. Esa vez no me caí al suelo...Se quedó mirándome fijamente a los ojos, y echó a reír...Sus carcajadas se clavaron en mis oídos. Mis manos inconscientes se fueron a mis doloridas mejillas. Las lágrimas comenzaron a resbalar por mi rostro. Cuando menos lo esperaba. Con toda su fuerza me empujó. En el suelo me pateó la cabeza. Después el estómago. Grité y grité.
- ¡Ponte de pie!.- Rugió. Yo no podía obedecer. Me cogió del pelo y él mismo me puso en pie.
Me agarró de los hombros y me dio un rodillazo en el estómago. Yo di una arcada y caí al suelo desmayada...

Así dolió...Y en realidad sólo contestó : “Yo a ti no”

(Texto original de Elena Alcalde)

CUIDADO AL DECIR "TE AMO"....

No era el mejor lugar, ni el mejor momento. El sonido de la ciudad como violín, la azotea de un viejo edificio del centro como palacio, la noche como testigo, y las estrellas hacían de pequeños y débiles candelabros, alumbrando lo suficiente para que Marta pudiera ver el rostro de su amado príncipe... parecía estar sumergida en un sueño. Los músculos de la cara no le respondían. Una sonrisa fija se le había pintado en al cara, y parecía no querer marcharse.
- Álvaro... Le dijo en un hilo de voz- Dímelo aquí, con todas esas estrellas y la mismísima Luna de testigos... Dime si me quieres...

Álvaro le miró a los ojos y sonrió de un modo extraño. Aspiró hondo como si estuviera intentando ordenar sus ideas. Ambos sabían que la verdad estaba siempre observándoles cuando se hablaban. Los ojos por un momento parecieron salirse de las órbitas observando la belleza de la criatura que estrechaba entre sus brazos. Y antes de contestarle nada, le acarició los labios con sus propios labios y la besó, como si de una despedida se tratara, o al menos así le supo a Marta.
- ¿Qué si te quiero?.- Preguntó en tono gracioso... - ¿Puedo contarte un secreto...?
- Esa pregunta ya tiene respuesta.
- Igual que mi corazón vuelve a tener dueño...
- ¡Eso es bueno!.- Le contestó la risueña Marta riendo
- No. No lo es. ¿Alguna vez has amado tanto, tanto, como para olvidarte de tu identidad, de tu vida, de tu cuerpo... ?No querer respirar si no es a través de la otra persona, no mirar otra cosa, no pensar otra cosa, no querer otra cosa... ¿Alguna vez has bebido de alguien? ¿Y alguna vez te has muerto de sed? Ese amor... Ese tipo de amor, es el verdadero. Ese amor es la muerte, la verdadera esclavitud del hombre y el verdadero sufrimiento. Yo fui consciente de todo aquello. Y cuando me vi encerrado, aferrado, a una persona. Cuando vi mi mundo destruido por este sentimiento... Decidí matar lo que me mataba.- Álvaro tragó saliva y habló aún más bajo, con una sonrisa indescriptible dibujada en sus labios, camuflada entre la oscuridad de la noche.- Sabía dónde vivía, sabía cómo vivía... Sabía como se peinaba por las mañanas, y conocía el sonido de sus pasos incluso estando a kilómetros... ¿No iba a saber cuándo estaba dormida? No me hizo falta más que un cuchillo... Y le acaricie la hermosa y tersa piel del cuello por última vez...Un beso en al frente...-Y besó a Marta en al frente.- Y la maté...Pero la maté porque me quería, y con ese amor que la tenía, sólo me estaba haciendo sufrir. Ella lo hubiera querido así...¿No estás de acuerdo? Nunca se encontró el precioso cuerpo...El amor se lo llevó...

Marta tembló y deseó echarse a reír: “¡Maldito bromista, me has asustado!”Pero no podía mover un músculo. Álvaro la tenía fuertemente cogida, y apenas la dejaba respirar.
- ¿Me preguntas si te amo? Y yo te digo la verdad... Por ti lo que siento... Es amor verdadero...
- ¡Suéltame!¡Me estás haciendo daño!
- ¿Y tú me amas, Marta?
- ¡Claro que te amo, pero me estás asustando!
- Adiós mi amor... Adiós...
- ¡¡NO!!

Cuidado cuando dices te amo..Cuidado con la perfección...


(Texto original de Elena Alcalde)

viernes, 4 de abril de 2008

SALIR A LA VIDA

SALIR A LA VIDA



MI MAMÁ ERA HIJA DE UNA PAREJA DE ENTRE RÍOS. NACIÓ Y CRECIÓ EN EL CAMPO, ENTRE ANIMALES, PÁJAROS Y FLORES. ELLA NOS CON´TO QUE UNA MAÑANA, MIENTRAS PASEABA POR EL BOSQUE RECOGIENDO RAMAS CAÍDAS PARA ENCENDER EL FUEGO DEL HORNO, VIO UN CAPULLO DE GUSANO COLGANDO DE UN TALLO QUEBRADO. PENSÓ QUE SERÍA MAS SEGURO PARA LA POBRE LARVA LLEVARLA A CASA Y ADOPTARLA A SU CUIDADO.

CIUANDO LLE´GO, LA COLOCÓ BAJO UNA LAMAPARA PAR QUE LE DIERA CALOR Y LA ARRIMÓ A UNA VENTANA PARA QUE EL AIRE NO LE FALTARA. DURANTE LAS SIGUIENTES HORAS, MI MADRE PERMANECIÓ AL LADO DE SU PROTEGIDA ESPERANDO EL GRAN MOMENTO. DESPUÉS DE UNA LARGA ESPERA, QUE NO TERMINÓ HASTA LA MAÑANA SIGUIENTE, LA JOVENCITA VIO CÓMO EL CAPULLO SE RASGABA Y UNA PATITA PEQUEÑA Y VELLUDA ASOMABA DESDE DENTRO.

TODO ERA MAGICO Y MI MAMÁ NOS CONTABA QUE TENÍA LA SENSACIÓN DE ESTAR PRESENCIANDO UN MILAGRO. PERO, DE REPENTE, EL MILAGRO PARECIÓ VOLVERSE TRAGEDIA. LA PEQUEÑA MARIPOSA PARECIA NO TENER LA FUERZA SUFICIENTE PARA ROMPER EL TEJIDO DE LA CAPSULA QUE LA ENVOLVÍA. POR MÁS QUE HACÍA FUERZA, NO CONSEGÍA SALIR POR LA PEQUEÑA PERFORACIÓN DE SU CASITA EFÍMERA.

MI MADRE NO PODÍA QUEDARSE SIN HACER NADA. CORRIÓ HASTA EL CUARTO DE LAS HERRAMIENTAS Y REGRESÓ CON UN PAR DE PINZAS DELICADAS Y UNA TIJERA LARGA, FINA Y AFILADA QUE MI ABUELA USABA EN EL BORDADO. CON MUCHO CUIDADO DE NO TOCAR AL INSECTO, FUÉ CORTANDO UNA VENTANA EN EL CAPULLO PARA PERMITIR QUE LA MARIPOSA SALIERA DE SU ENCIERRO.

DESPUÉS DE UNOS MINUTOS DE ANGUSTIA, LA POBRE MARIPOSA CONSIGUIÓ DEJAR ATRÁS SU CÁRCEL Y CAMINÓ A TUMBOS HACIA LA LUZ PROCEDENTE DE LA VENTANA.

CUENTA MI MADRE QUE, LLENA DE EMOCIÓN ABRIÓ LA VENTANA PARA DESPEDIR A LA RECIÉN LLEGADA, EN EL QUE SERÍA SU VUELO INAUGURAL. SIN EMBARGO, LA MARIPOSA NO SALIÓ VOLANDO, NI SIUQIERA CUANDO CON LA PUNTA DE LAS PINZAS LA ROZÓ SUAVEMENTE. PENSÓ QUE ESTABA ASUSTADA POR SU PRESENCIA Y LA DEJÓ JUNTO A LA VENTANA ABIERTA, SEGURA DE QUE NO LA ENCONTRARÍA AL REGRESAR.
DESPUÉS DE JUGAR TODA LA TARDE, MI MADRE ENTRÓ DE NUEVO EN SU CUARTO Y ENCONTRÓ JUNTO A LA VENTAN A SU MARIPOSA INMÓVIL, LAS ALITAS PEGADAS AL CUERPO, LAS PATITAS TIESAS HACIA EL TECHO. MI MAMÁ SIEMPRE NOS CONTABA CON QUE ANGUSTIA FUE A LLEVAR EL INSECTO A SU PADRE, A CONTARLE TODO LO SUCEDIDO Y A PREGUNTARLE QUE MÁS PODÍA HABER HECHO PARA AYUDARLA. MI ABUELO, QUE PARECIA SER UNO DE ESOS SABIOS CASI ANALFABETOS QUE ANDAN POR EL MUNDO, LE ACARICIÓ LA CABEZA CON DULZURA Y LE DIJO QUE NO HABÍA NADA MÁS QUE DEBIERA HABER HECHO, QUE EN REALIDAD LA BUENA AYUDA HUBIERA SIDO HACER MENOS Y NO MÁS.

LAS MARIPOSAS NECESITAN DE ESE TERRIBLE ESFUERZO QUE LES SIGNIFICA ROMPER SUPRISIÓN PARA PODER VIVIR, PORQUE DURANTE ESOS INSTANTES, EXPLICÓ MI ABUELO, EL CORAZÓN LATE CON MUCHISIMA FUERZA Y LA PRESIÓN QUE SE GENERA EN SU PRIMITIVO ÁRBOL CIRCULATORIO INYECTA LA SANGRE EN LAS ALAS, QUE ASÍ SE EXPANDEN Y LA CAPACITAN PARA VOLAR.

LA MARIPOSA QUE FUE AYUDADA A SALIR DE SU CAPARAZÓN NUNCA PUDO EXPANDIR SUS ALAS, PORQUE MI MAMÁ NO LA HABÍA DEJADO LUCHAR POR SU VIDA. MI MAMÁ SIEMPRE NOS DECÍA QUE, MUCHAS VECES, LE HUBIESE GUSTADO ALIVIARNOS NUESTRO CAMINO, PERO ENTONCES RECORDABA A SU MARIPOSA Y PREFERÍA DEJARNOS INYECTAR NUESTRAS ALAS CON LA FUERZA DE NUESTRO PROPIO CORAZÓN.

(De Cuenta conmigo (RBA Integral), de Jorge Bucay)