No era el mejor lugar, ni el mejor momento. El sonido de la ciudad como violín, la azotea de un viejo edificio del centro como palacio, la noche como testigo, y las estrellas hacían de pequeños y débiles candelabros, alumbrando lo suficiente para que Marta pudiera ver el rostro de su amado príncipe... parecía estar sumergida en un sueño. Los músculos de la cara no le respondían. Una sonrisa fija se le había pintado en al cara, y parecía no querer marcharse.
- Álvaro... Le dijo en un hilo de voz- Dímelo aquí, con todas esas estrellas y la mismísima Luna de testigos... Dime si me quieres...
Álvaro le miró a los ojos y sonrió de un modo extraño. Aspiró hondo como si estuviera intentando ordenar sus ideas. Ambos sabían que la verdad estaba siempre observándoles cuando se hablaban. Los ojos por un momento parecieron salirse de las órbitas observando la belleza de la criatura que estrechaba entre sus brazos. Y antes de contestarle nada, le acarició los labios con sus propios labios y la besó, como si de una despedida se tratara, o al menos así le supo a Marta.
- ¿Qué si te quiero?.- Preguntó en tono gracioso... - ¿Puedo contarte un secreto...?
- Esa pregunta ya tiene respuesta.
- Igual que mi corazón vuelve a tener dueño...
- ¡Eso es bueno!.- Le contestó la risueña Marta riendo
- No. No lo es. ¿Alguna vez has amado tanto, tanto, como para olvidarte de tu identidad, de tu vida, de tu cuerpo... ?No querer respirar si no es a través de la otra persona, no mirar otra cosa, no pensar otra cosa, no querer otra cosa... ¿Alguna vez has bebido de alguien? ¿Y alguna vez te has muerto de sed? Ese amor... Ese tipo de amor, es el verdadero. Ese amor es la muerte, la verdadera esclavitud del hombre y el verdadero sufrimiento. Yo fui consciente de todo aquello. Y cuando me vi encerrado, aferrado, a una persona. Cuando vi mi mundo destruido por este sentimiento... Decidí matar lo que me mataba.- Álvaro tragó saliva y habló aún más bajo, con una sonrisa indescriptible dibujada en sus labios, camuflada entre la oscuridad de la noche.- Sabía dónde vivía, sabía cómo vivía... Sabía como se peinaba por las mañanas, y conocía el sonido de sus pasos incluso estando a kilómetros... ¿No iba a saber cuándo estaba dormida? No me hizo falta más que un cuchillo... Y le acaricie la hermosa y tersa piel del cuello por última vez...Un beso en al frente...-Y besó a Marta en al frente.- Y la maté...Pero la maté porque me quería, y con ese amor que la tenía, sólo me estaba haciendo sufrir. Ella lo hubiera querido así...¿No estás de acuerdo? Nunca se encontró el precioso cuerpo...El amor se lo llevó...
Marta tembló y deseó echarse a reír: “¡Maldito bromista, me has asustado!”Pero no podía mover un músculo. Álvaro la tenía fuertemente cogida, y apenas la dejaba respirar.
- ¿Me preguntas si te amo? Y yo te digo la verdad... Por ti lo que siento... Es amor verdadero...
- ¡Suéltame!¡Me estás haciendo daño!
- ¿Y tú me amas, Marta?
- ¡Claro que te amo, pero me estás asustando!
- Adiós mi amor... Adiós...
- ¡¡NO!!
Cuidado cuando dices te amo..Cuidado con la perfección...
(Texto original de Elena Alcalde)
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